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Published on December 4th, 2013 | by Carmen Cristina Gonzalez

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Maíz transgénico: ¿Alimento saludable?

 Cada día aumenta la controversia alrededor de los Alimentos Modificados Genéticamente (AMG), pues estudios científicos sugieren que su consumo puede tener serios efectos sobre la salud del ser humano. De hecho, numerosas naciones alrededor del mundo han prohibido su producción y venta, y han creado directrices que exigen que los AMG se etiqueten.

Los AMG son esencialmente productos ya existentes a los que se les ha alterado su información genética original mediante sofisticados métodos tecnológicos, con la finalidad de hacerlos más nutritivos, apetitosos o resistentes a plagas e inclemencias del medio ambiente. Uno de los cultivos transgénicos más extendidos alrededor del mundo es el maíz, pues es quizás la planta cultivable con mayor diversidad de usos y aplicaciones, sin dejar a un lado su enorme potencial de comercialización. Es por ello, que este grano se ha modificado genéticamente para mejorar su producción.

La investigadora mexicana de la Universidad de Sonora en México, Refugio Ortega Ramírez, sostiene que con los AMG se han triplicado las cosechas de maíz, lo cual ha ayudado a combatir el hambre en poblaciones en constante crecimiento con escasez y sequía. Según la experta, con estos productos se ha logrado disminuir considerablemente el uso de pesticidas químicos y con ello la toxicidad de los alimentos tratados con ellos.

“Los AMG ya se cosechan con las vitaminas y minerales integrados. Además, la aplicación de esta tecnología permite prácticas agrícolas sustentables y la producción de materiales con recursos renovables, entre otras ventajas”. La experta también menciona, que a pesar de los beneficios, aún la inocuidad de estos alimentos no se ha comprobado del todo.

¿Nuestra salud en riesgo?

Hasta ahora, ninguna organización o institución certificada garantiza que el consumo de alimentos transgénicos sea seguro a mediano y largo plazo para la salud de los consumidores. Por el contrario, diversos estudios de laboratorio muestran que el consumo de transgénicos representa serios riesgos para la salud. Por ejemplo, la alteración o inestabilidad de los genes puede llevar a la producción de nuevas toxinas; la nueva proteína producida por el gen externo puede provocar alergias (British Medical Association); y nuevos estudios sugieren que el consumo de transgénicos puede alterar la fertilidad de los consumidores.

El 19 de septiembre de 2012, el profesor francés Gilles-Eric Séralini y su equipo de investigación de CRIIGEN (Comité de Investigación y Información Independientes sobre la Ingeniería Genética) publicó en la revista Food and Chemical Toxicology los resultados de un estudio que halló que las ratas que fueron alimentadas con maíz transgénico o genéticamente modificado NK603 (fabricado por la multinacional estadounidense agroalimentaria Monsanto) desarrollaron tumores mamarios masivos, daño renal y hepático, además de tener una esperanza de vida menor al resto de los animales de su especie.  

El maíz NK603 está modificado genéticamente para ser resistente a una sustancia identificada como glifosato (nombre comercial: Roundup), un herbicida utilizado para destruir plantas no deseadas de los cultivos.

El estudio se extendió por más de dos años en 200 ratas divididas en nueve grupos, que comían en mayor o menor medida maíz transgénico. Por sus dimensiones y alcance, muchos científicos consideran a esta investigación revolucionaria pues, según la revista colombiana Semana, es el primer estudio en el que se prueba que los AMG tienen una consecuencia sobre el organismo.

Hasta ahora la mayoría de estudios sobre los AMG no habían demostrado diferencias significativas entre los grupos que los consumían y los que no. Pero estas investigaciones eran hechas sobre un periodo más corto, generalmente de tres meses. Además, según resalta el periódico Le Monde, “casi todos fueron financiados o hechos por firmas agroquímicas”.

Aunque Seralini reconoce que habría que hacer mayores investigaciones, el experto asegura que estos hallazgos son alarmantes y deberían conducir a una regulación más estricta de los alimentos transgénicos.

En la actualidad, el maíz y la soya son los alimentos modificados genéticamente que tienen mayor presencia en la alimentación de las personas. Por ejemplo, en aquellos productos que contienen azúcar de maíz (refrescos, sodas, pastelería, salsas, bombones, caramelos, chocolate, entre otros). A esto se le une, los animales que han sido alimentados con maíz y soya transgénico y que también son de consumo humano (pollo, vaca conejo, cerdo y sus derivados como leche, huevo, mantequilla, etc.)

Historia de los transgénicos

Los cultivos de semillas modificadas genéticamente dan comienzo en la década de los 80, la primera cosecha transgénica comercialmente fue el tabaco y se recogió en 1992 en China.

Los agricultores comenzaron a sembrar semillas transgénicas en Estados Unidos de Norteamérica, en 1994 y en 1996 en otros países como: Canadá y Argentina.

Para el 1995 se utilizaban 200 mil hectáreas, seis años más tarde, en el 20013, se estaban utilizando 52.6 millones de hectáreas. Estados Unidos es el mayor productor de elementos agrícolas modificados genéticamente, con el 68% de la cosecha transgénica mundial; Argentina con el 22%; Canadá con el 6% y China con el 3%. Para un total de 99% en tan sólo cuatro países y dominados por una sola compañía: Monsanto.

Hasta ahora, los alimentos que han sido modificados genéticamente son: maíz, soya, uvas, salmón, arroz, tomate y colza. Las cuatro semillas que se comercian a nivel mundial son: maíz, soya, algodón y colza desarrolladas y distribuidas por la multinacional norteamericana.

Otros efectos

En 2013, el médico Miguel Altieri, profesor de la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos, investigador del tema agroecológico, e investigador visitante para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, evidenció que la biotecnología moderna aplicada a la agricultura no acabó con el hambre en el mundo. Según el investigador en los 20 años que se probó esa tecnología, se evidenciaron riesgos significativos de producción de semillas biotecnológicamente manipuladas (transgénicos); indicó que más de 58 millones de hectáreas, condenan a los agricultores al monocultivo, a la homogeneidad genética, y, por lo tanto, a la vulnerabilidad ecológica de sus sistemas. “Estos cultivos han producido impactos ambientales de consecuencias graves”.

 Vía: Texto Original www.esteticaysalud.com.ve

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About the Author

Carmen Cristina Gonzalez

Periodista venezolana egresada de la Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela). Amante de la semblanzas y las entrevistas de personalidad, así como de la promoción de una vida saludable. Soy una enamorada empedernida de mi hija quien me ha enseñado que el amor no tiene límites.


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